Cuando era pequeña (hace una década o incluso más tiempo), un amigo de la familia me regaló un cactus pequeñito con forma de palmera, que se había traído de un viaje a Canarias. La plantita, que venía en un tiestecillo de esos de broma (por lo ridículo de su tamaño), con los años empezó a crecer salvajemente y tuvo que ser trasplantada innumerables veces, hasta llegar al macetón que ocupa ahora, por el momento. Actualmente ya es casi de mi altura, y en esta época del año es cuando comienzan a salirle nuevas hojas y a formarse troncos nuevos. Cuando le da la gana, le salen flores amarillas, que acaban convirtiéndose en unas pelusas blancas con la semilla al final.
Total, que cumple todos los requisitos para considerarse “planta favorita de Virginia”: vistosa, bonita (a lo mejor no estáis de acuerdo, pero a mí me gusta y punto) y, sobre todo, fuerte como ella sola (tirando a inmortal). Ya te puedes olvidar de que existe durante temporadas, que no se seca (pocas cosas me deprimen más en este mundo que el que se me mueran las plantas, me hace sentirme una asesina).
Hará 2 ó 3 años, empecé a intentar que se reprodujera para llevarme una hijita suya a Granada. Pregunté al amigo que me la había regalado y me dijo que plantara las semillas esas de los pelos blancos, que era el modo idóneo, aunque no se acordaba de la época. Bien. Planté las semillas en primavera, por si acaso. Las planté en invierno. En verano. En otoño. Las planté directamente recogidas de la planta materna, y también probé a plantarlas esperando un poco para que les salieran raicillas. Todas las tentativas acabaron exactamente igual: con una servidora mirando un tiesto con tierra durante dos semanas. Y encima, con fe (“pues parece que ahí ya a lo mejor asoma algo…”). Así soy yo: inasequible al desaliento y con un entusiasmo a prueba de bombas.
En fin, que acogiéndome al empirismo más elemental acabé decidiendo que igual el cactus no se reproducía por semillas, sino por esquejes. Pero claro, me daba pena mutilarle un brazo para hacer un ensayo de los míos, especialmente teniendo en cuenta el porcentaje de fracasos (100%. Superadlo, si podéis). Afortunadamente y cuando ya estaba asumiendo que mi planta jamás tendría descendencia, mi madre descubrió un lugar donde crecen hermanas suyas. Un jardín particular que pertenece a una farmacia, cosas de la vida. No diré exactamente cual por si la farmacéutica descubre el hurto, aunque no creo, porque me parece que tiene los cactus más descuidados que yo, que ya es decir. Crecen completamente salvajes.
Porque el resto ya os lo estáis imaginando. Con nocturnidad y alevosía, armada con unas tijeras y con una bolsa para guardar mi botín, me presenté allí de noche en compañía de mi madre, tan motivada como yo. Creo que somos un pelín peliculeras y que lo exageramos un poco (podíamos haberle pedido un par de esquejes a la farmacéutica y DE DÍA, como las personas normales; casi seguro que nos hubiera dicho que sí), pero la incursión tuvo su emoción, la verdad. Y además, hasta me sentía un poco justiciera: yo, una farmacéutica sin farmacia ni posibilidades de ponerla (ni ganas, en honor a la verdad) metiendo mano en el excesivo patrimonio de una colega más afortunada. Tenía todo el sentido del mundo, no me digáis xD.
Conclusión: esta vez he tenido éxito. Los palmerillas crecen a ojos vista varios centímetros de un día para otro, han echado hojas… Orgullosísima estoy de mis retoños, vaya. En breve me traeré uno a Granada, a ver si le doy color a mi terraza. Y mi planta grande, indemne.
Por cierto, lo que jamás he llegado a saber es el nombre del cactus, y mira que he buscado en internet y en distintas guías botánicas. Si alguna vez llegáis a saberlo, acordaos de mí y decídmelo. A cambio, os puedo regalar uno xD
Etiquetas: plantas, tonterías varias


Veo que has renovado el aspecto del blog, ya le tocaba
Respecto a la planta, estoy buscando el posible nombre pero no es sencillo… Estrictamente no es un cactus y tampoco parece del género de las “aloe”. Investigaremos a ver con qué damos…
me encanta el articulo!! ya tengo curiosidad por tu planta, a mi siempre se me mueren Vir pasame un cactus idestructible o tendré q ir por la noche con mi madre a cogerte uno, jeje, muy bueno el blog, ya se echaba de menos!