Archivo | Granada RSS feed for this section

La Alhambra, 4 años después

20 may

El miércoles pasado estuve en la Alhambra: habían pasado 4 años desde mi última visita. Cuando llegué a esta ciudad, me hice una promesa: mientras viva en Granada, tengo que recorrer la Alhambra de tanto en tanto. Y es un sitio que me gusta tanto que no debería ser nada difícil de cumplir; pero desde la última vez ha pasado mucho tiempo y en ese tiempo han ocurrido muchas cosas.

La última vez que fui estaba a las puertas de mi andadura farmacéutica, en 2º de carrera. Hacía unos meses que había entregado un herbario confeccionado con primor en la asignatura de botánica, bregaba para recuperar la fisicoquímica de primero y creía que el final de la licenciatura estaba lejísimos. Hoy, después de hacer mis pinitos investigadores en el departamento de Microbiología y decidir que aquello del biodiesel no era lo mío, me encuentro arrimada al de Salud Pública, contentísima, acabando el máster y deseando tener la suerte de que una beca FPU me vincule formalmente. Pero antes de llegar hasta aquí hice las prácticas de fin de carrera, que para mí fueron un acontecimiento importante porque me reconciliaron con el mundo de la oficina de farmacia. Siempre había pensado que no quería eso bajo ningún concepto, pero al hacerlas descubrí que me encanta el contacto con la gente. Espero quedarme en la universidad, pero si finalmente eso no fuera posible sé que tengo otra puerta abierta que también me haría feliz, y eso es una suerte.

Las cosas para la gente que conozco también han cambiado mucho. Una chica estupenda, a la que no veo tanto que me gustaría, empezaba su residencia en aquella época y desde hace pocos días ya es una flamante médico de familia. Varios de mis compañeros de farmacia empiezan el FIR ahora. Mi hermano, que era un micaco, está a punto de entrar en la universidad (ánimo, Pablito). Tras algún Erasmus que otro, casi todos mis amigos han acabado sus respectivas carreras o están a punto. En lo que a amores se refiere, ha habido rupturas y creación de nuevas parejas, así como situaciones un poco más indefinibles. Algún amigo ha llegado hasta el Congreso. Otro se acaba de independizar, y lo primero que hizo en cuanto estuvo instalado fue invitarnos a merendar y poner su casa a nuestra disposición si lo necesitábamos, haciendo gala de esa generosidad enorme que le caracteriza. Creo que en general la vida no nos ha tratado del todo mal (por lo menos aún), y en los tiempos que corren eso también es una suerte.

Y es que, si hablamos de los tiempos que corren, el mundo también ha cambiado mucho desde entonces. Hace 4 años no eran muchos los que estaban familiarizados con eso de la prima de riesgo y las agencias de calificación, yo desde luego no. Evidentemente lo que tenemos encima no es una suerte, pero si nos empeñamos en ver algo positivo nos encontramos con la cantidad de gente que ha ido tomando conciencia, “despertando” y diciendo “basta” a lo largo de este tiempo. Algo que hacía falta, sin duda.

Por cierto que otra cosa buena del discurrir del tiempo son las personas nuevas que trae, o aquellas a las que te permite redescubrir. Son personas que te abren las puertas de su casa en la playa. Que discuten contigo apasionadamente sobre cualquier tema y te enriquecen. Que te convencen para hacer submarinismo con bombona, algo que no hubiera salido de ti en la vida. Que amplían tus conocimientos de cine. Que te enseñan a ser una buena epidemióloga. Que se prestan a que les saques sangre. Que en dos días organizan contigo un interrail y allá que os vais. Que te organizan rutas albayzineras en las que no dejas de aprender. Que te acompañan a exposiciones, a los comedores, a manifestaciones y a cualquier sitio. También a la Alhambra.

De todos los cambios buenos y malos de estos años, me quedo con la cantidad y calidad de la gente que quiero y que me quiere, nuevos y antiguos. Porque haciendo balance, en todos estos años no ha disminuido ni un poquito. Y eso, creo, es la mayor suerte de todas.

Mientras tanto, ajena a los cambios, la Alhambra permanece en su sitio inmutable y hermosa. Me pregunto qué cosas nuevas habrán sucedido en mi vida la próxima vez que camine por sus palacios y jardines.

Los malos humos

26 oct

Por distintos motivos hoy estoy un poco que muerdo, así que cuidadín ;)

Esta mañana he ido caminando desde mi casa hasta la facultad de medicina. Como siempre, un poco más y me tengo que poner mascarilla anti-gas para poder salvar el trayecto respirando aire puro. El humo de los coches lo noto menos, porque yo voy por la acera y ellos por la calzada (aunque no por eso deja de joderme), pero el humo de los cigarros me mata. Aunque en fin, entiendo que se trata de la vía pública y no soy tan talibán como para sugerir que se prohíba fumar también en la calle, no va por ahí la cosa.

Las aceras de la avenida donde vivo no son muy anchas y siempre están muy concurridas. Juraría que más de la mitad de las personas con las que me cruzo van con un cigarrillo encendido, de forma que voy siempre envuelta en una neblina que me asfixia y me hace toser. Hay que sumar cuando paso al lado de una marquesina de autobús, donde muchísimos de los que esperan están también fumando, ahí en plan concentración. Me quedo con ganas de apagarles el cigarrillo en el ojo, pero me las aguanto, qué le vamos a hacer.

El factor clave que hace que las calles por las que camino sean un hervidero de gente (incluyendo a fumadores) es que en ellas se encuentran el Hospital Traumatológico (al lado de mi casa) y el San Cecilio (al lado de Medicina), y alrededor de los hospitales siempre hay mucho trasiego. Eso lo puedo comprender. Lo que no entiendo y me llena de estupor es el hecho de que también contribuyan al humo que respiro muchos médicos y trabajadores del hospital, que se paran a fumar a lo largo de toda la acera. Sin quitarse la bata. Ahí, con dos cojones.

Lo sé, lo sé. Los médicos, los enfermeros, los farmacéuticos, los fisios, los auxiliares… TODO el personal sanitario, por encima de ser personal sanitario, es persona (hasta yo : P). Y las personas nos caracterizamos por ser bastante incongruentes… porque en fin, hay que serlo para insistir en fumar después de la caña que te dan en la facultad con la nicotina, el alquitrán y el resto de porquería. Pero bueno, como digo somos seres humanos y nadie está a salvo de tener una pequeña adicción.

El problema es que, tal y como yo lo veo, cualquier sanitario tiene entre sus competencias la EDUCACIÓN SANITARIA, aparte de las labores puramente asistenciales. Y dime tú con qué cara les dices a tus pacientes que es mejor que dejen el tabaco si 5 minutos antes te acaban de ver fumando como un descosido en la puerta del hospital. Amigo mío, acabas de firmar tu sentencia para tener credibilidad cero. Porque la salud debe promocionarse con actos, no sólo con palabras. Jopé, que una cosa es que tu familia y tus colegas sepan que fumas y otra que le des ese “ejemplo” a tus pacientes (que te conocen únicamente como sanitario, no como persona).

Es como si ves a un bombero prendiéndole fuego tranquilamente a un árbol en la calle (asumimos que es bombero de verdad  -con su uniforme reglamentario- y que no viene de ninguna despedida de soltera). Seguramente te quedarías con cara de “¿¿cómorrr??”.

- Oiga, señor bombero, pero qué hace…

- Pues nada, ¿no lo ves? Que es mi descanso de media mañana, y a mí esto me relaja cantidad.

- Yaaa, pero… ¿por qué no quema papelitos en su casa? Que es, no sé, como menos peligroso…

- Que más quisiera yo que limitarme a eso, hijo, pero no puedo. Soy un poco pirómano y tal, me vienen las ganas y no puedo evitarlo, es donde me pille.

- Joder, pero es que encima hoy es un día de bastante viento. Se va a extender el fuego y el incendio de Roma va a ser chico al lado de éste.

- Mira, chaval, que no me des más la brasa. Si esto se me va un poco de las manos, llamo a mis compañeros que vienen con el camión cisterna y arreglado. Es que es increíble, ya no puedes ni emplear tu rato libre como quieras sin que venga a recriminarte el histérico de turno.

- …

Absurdo. Absurdo, absurdo, absurdo.

Pues eso. Que los sanitarios al menos podían quitarse la bata si es que van a fumar en la acera (lo que tampoco estaría mal a efectos de asepsia y esas cosas).

…Y qué bien se queda una después de desahogarse xDD

Resucitando a Carnot

11 oct

Hace un momento, y después de muchísimos meses, me ha dado por mirar mi Fotolog, que sigue en el ciberespacio porque no cerré la cuenta cuando dejé de escribir (una, que es sentimentaloide). Me gustaba mucho el fotolog y la verdad es que me dio bastante rabia cuando la gente empezó a sustituirlo con facebook y tuenti (sí, se que facebook coexistió con el fotolog y blablabla, pero la mayoría de mis amigos y conocidos-yo incluida-tuvimos la “evolución” de esta manera).

El fotolog me gustaba, como digo, porque al no existir la inmediatez ni las “prisas” de las actuales redes sociales (características que por otra parte son una ventaja, ojo, no digo que no, y gracias a eso han sido una herramienta muy útil en movimientos como el 15M, por ejemplo) la gente se curraba más lo que escribía. La brevedad no era un requisito del fotolog, te permitía extenderte y hablar de lo que te diera la gana. Por supuesto, eso te permitía profundizar en el conocimiento de personas de tu entorno que también escribían sobre lo que les daba la gana. En ocasiones te hacían reír, en otras te hacían pensar, y en otras te sorprendían bastante: leyendo lo que escribe una persona llegas a descubrirla como quizás no lo harías de otra forma, y eso mola : P Bueno, ahora tenemos los blogs, pero no es un fenómeno tan generalizado como lo fue el fotolog en su día. O eso creo, siempre remitiéndome a mi entorno como “muestra”: en esa época, prácticamente todos mis amigos y conocidos tenían fotolog, y ahora no todos tienen blog. Lectores, ¿vosotros tuvisteis fotolog? ;)

Total, que repasando entre las entradas antiguas me he encontrado con ésta y la recupero para el blog: es una historietilla que siempre me gustó. Así que resucito a Carnot, pero también resucito a mi tierno e inocente yo del pasado, que empezaba 2º de carrera a finales de 2007 xD. Con ellos os dejo.

“Como aún me dura el contento por haber aprobado el parcial de física, actualizo con algo que jamás hubiera puesto de haber suspendido :P  

Se trata de una de las pequeñas biografías de físicos con las que nuestro profesor nos deleita durante alguna clase que otra, para hacernos más llevadera la termodinámica. Hoy, Sadi Carnot.

Recupero hasta la imagen del amigo

Este físico francés vivió en el siglo XIX y se considera el primer ingeniero de la Era Moderna. Hombre brillantísimo, planteó lo que hoy conocemos como “enunciados de Carnot” sobre máquinas térmicas, y calculó su rendimiento, algo que ha sido esencial no sólo para el desarrollo de la física, sino también para nuestra vida tal y como la conocemos. 

En fin, tras la breve introducción cuento lo que realmente me llamó la atención cuando lo dijo el profesor. Resulta que, por desgracia, Carnot murió a los 36 años (en 1832) durante una epidemia de cólera que asolaba Francia, dejando un montón de trabajos sin publicar. Por aquel entonces, la ley obligaba a que cuando alguien muriese por esta enfermedad se quemasen todas sus pertenencias: ropa, libros, muebles… Prácticamente todo lo que tuviese en su casa, para evitar el contagio. Como podéis imaginar, esta medida imposibilitaba que el trabajo de Carnot se pudiese publicar: debía ser quemado, como todo lo demás. 

Pero Carnot tenía unos amigos que, aunque no sabían ni una palabra de física, se daban cuenta de que él era una persona extraordinaria y genial. Así que entraron en su casa y “robaron” sus papeles para guardarlos y ponerlos a salvo, jugándosela doblemente (por un lado, estaban infringiendo la ley; y por otro, sabían que se estaban exponiendo a un posible contagio). Unos años más tarde, cuando ya tenían la seguridad de que no iban a levantar sospechas, los mandaron a lord Kelvin, en Inglaterra, que reconoció la importancia del trabajo de Carnot y lo publicó, por fin. Así es como ha llegado hasta nosotros. 

No sé lo que tendrá de leyenda y lo que no, pero me parece un relato precioso de amistad, valentía y lealtad. Cualidades tan importantes como la genialidad, en este caso, ya que completaron la obra del físico e hicieron posible que trascendiera.

Un beso!! 

P.D. Y para todos aquellos que estéis pensando que al final me meteré en el departamento de física… NO!! Jajaja :P

P.D. No dejo el vínculo a mi fotolog porque me parece que ya es pasarse con el “remember”. Y de todas formas, si os empeñáis lo vais a encontrar xD

Sobre plantujas

7 oct

Cuando era pequeña (hace una década o incluso más tiempo), un amigo de la familia me regaló un cactus pequeñito con forma de palmera, que se había traído de un viaje a Canarias. La plantita, que venía en un tiestecillo de esos de broma (por lo ridículo de su tamaño), con los años empezó a crecer salvajemente y tuvo que ser trasplantada innumerables veces, hasta llegar al macetón que ocupa ahora, por el momento. Actualmente ya es casi de mi altura, y en esta época del año es cuando comienzan a salirle nuevas hojas y a formarse troncos nuevos. Cuando le da la gana, le salen flores amarillas, que acaban convirtiéndose en unas pelusas blancas con la semilla al final.

La susodicha

Total, que cumple todos los requisitos para considerarse “planta favorita de Virginia”: vistosa, bonita (a lo mejor no estáis de acuerdo, pero a mí me gusta y punto) y, sobre todo, fuerte como ella sola (tirando a inmortal). Ya te puedes olvidar de que existe durante temporadas, que no se seca (pocas cosas me deprimen más en este mundo que el que se me mueran las plantas, me hace sentirme una asesina).

Hará 2 ó 3 años, empecé a intentar que se reprodujera para llevarme una hijita suya a Granada. Pregunté al amigo que me la había regalado y me dijo que plantara las semillas esas de los pelos blancos, que era el modo idóneo, aunque no se acordaba de la época. Bien.  Planté las semillas en primavera, por si acaso. Las planté en invierno. En verano. En otoño. Las planté directamente recogidas de la planta materna, y también probé a plantarlas esperando un poco para que les salieran raicillas. Todas las tentativas acabaron exactamente igual: con una servidora mirando un tiesto con tierra durante dos semanas. Y encima, con fe (“pues parece que ahí ya a lo mejor asoma algo…”). Así soy yo: inasequible al desaliento y con un entusiasmo a prueba de bombas.

En fin, que acogiéndome al empirismo más elemental acabé decidiendo que igual el cactus no se reproducía por semillas, sino por esquejes. Pero claro, me daba pena mutilarle un brazo para hacer un ensayo de los míos, especialmente teniendo en cuenta el porcentaje de fracasos (100%. Superadlo, si podéis). Afortunadamente y cuando ya estaba asumiendo que mi planta jamás tendría descendencia, mi madre descubrió un lugar donde crecen hermanas suyas. Un jardín particular que pertenece a una farmacia, cosas de la vida. No diré exactamente cual por si la farmacéutica descubre el hurto, aunque no creo, porque me parece que tiene los cactus más descuidados que yo, que ya es decir. Crecen completamente salvajes.

Porque el resto ya os lo estáis imaginando. Con nocturnidad y alevosía, armada con unas tijeras y con una bolsa para guardar mi botín, me presenté allí de noche en compañía de mi madre, tan motivada como yo. Creo que somos un pelín peliculeras y que lo exageramos un poco (podíamos haberle pedido un par de esquejes a la farmacéutica y DE DÍA, como las personas normales; casi seguro que nos hubiera dicho que sí), pero la incursión tuvo su emoción, la verdad. Y además, hasta me sentía un poco justiciera: yo, una farmacéutica sin farmacia ni posibilidades de ponerla (ni ganas, en honor a la verdad) metiendo mano en el excesivo patrimonio de una colega más afortunada. Tenía todo el sentido del mundo, no me digáis xD.

Conclusión: esta vez he tenido éxito. Los palmerillas crecen a ojos vista varios centímetros de un día para otro, han echado hojas… Orgullosísima estoy de mis retoños, vaya. En breve me traeré uno a Granada, a ver si le doy color a mi terraza. Y mi planta grande, indemne.

Por cierto, lo que jamás he llegado a saber es el nombre del cactus, y mira que he buscado en internet y en distintas guías botánicas.  Si alguna vez llegáis a saberlo, acordaos de mí y decídmelo. A cambio, os puedo regalar uno xD

Con farmacia y hospital :)

25 ene

Hoy en la facultad hemos hecho la elección de oficina de farmacia para la asignatura de Estancias. Para el que no lo sepa, yo acabo la carrera este año, y mis últimos exámenes son estos de febrero. En marzo ya sólo me queda una única asignatura, Estancias, que acaba en agosto (son 6 meses, sí) y tiene 15 creditazos. Consiste en trabajo a tiempo completo en oficina de farmacia o servicio de farmacia hospitalaria. Sin que te paguen, por supuesto (por el contrario, pagas tú por hacer la asignatura). Lo que son unas prácticas de fin de carrera, vamos. Y lo peor es la peculiaridad de que acaben en agosto y el examen sea en septiembre, porque hasta entonces no seré licenciada a todos los efectos y no me admitirán en ningún máster en junio, por ejemplo. Si cuando lo solicite en septiembre ya se han acabado las plazas… mala suerte.

Pero bueno, al margen de esto lo que venía a decir es que estoy loca de contenta y deseando hacerlas. Estudiar siempre me ha gustado, pero después de 5 años a tope cada año me voy notando más cansada, quemada y vaga, así que estoy deseando estos meses de pseudo-trabajo y total ausencia de apuntes, por mucho que tenga que currar (y tampoco será tanto).

Y también estoy super feliz porque por primera vez (sin contar becas) he constatado que mi expediente está sirviendo para algo, aunque sea para algo tan “banal” como ésto (al fin y al cabo, tampoco me jugaba nada importante). La elección se hace por orden de expediente: te van nombrando, y vas diciendo la farmacia y el hospital que quieres. Y yo he sido la 5ª en elegir de 145 personas (oh, qué poco modesta contándolo aquí… pues sí, pero es mi blog y me voy a dar el lujo xD).

Así que nada, de marzo a mayo estaré aquí en Granada, en el Hospital San Cecilio; y de junio a agosto en Almería, en una farmacia de la calle Gerona donde hacen fórmulas magistrales y análisis clínicos y las farmacéuticas son super majas. Ya sabéis a dónde tenéis que ir a verme^^ Tengo muchas ganas también de empezar a vivir anécdotas graciosas de farmacia xD.

Al final todo ha salido como quería (de momento, sé que el mundo real empieza lejos de la facultad, pero no vamos a pensar en eso ahora) y sé que los amigos que me leéis os alegraréis por mí. Aquí empieza mi “entrenamiento en serio”, y espero aprovecharlo para ser una buena profesional sanitaria el día de mañana.

De vuelta a Granada

9 ene

Acabo de llegar a Granada, y por fin he mirado el calendario de exámenes de febrero. Casi entro en apoptosis (“dios, no me da tiempo, debería haber estudiado en navidad en vez de pasarme los días entrando y saliendo. ¿Me dejo una optativa que me sobra y saco lo que me queda de libre por otro lado?”, etc.).

Total, que mañana ya me pondré a estudiar a saco, qué le vamos a hacer. Me consolaré pensando que han sido unas buenas vacaciones.

Y si acabé el año 2010 con Machado y Serrat, empiezo 2011 con la alegría de los poemas de Benedetti. Él, Antonio Machado, Pedro Salinas y Luis García Montero son mis cuatro poetas básicos, de cabecera. Así que aquí dejo el maravilloso “No te rindas”.

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Prácticas de Hidrología Farmacéutica

21 nov

Ayer sábado me levanté a las siete y pico sin mucho ánimo para ir a la excursión obligatoria de una asignatura optativa, Hidrología Farmacéutica. Mientras esperaba el autobús con mis compañeros, las caras de todos reflejaban el común “quién-me-mandaría-a-mí-coger-esta-asignatura-con-lo-bien-que-estaría-en-mi-cama-a-estas-horas”. Pero eso sí, muy obedientes todos habíamos llevado el bañador por si acaso, ya que nos dirigíamos al balneario de Alhama de Granada.

Después de un viaje infernal con cientos de curvas, llegamos a nuestro destino. Luego de enseñarnos las distintas instalaciones nos ofrecieron darnos el baño de rigor y, ya totalmente emocionados con las maravillas que habíamos visto, nos lanzamos a los vestuarios. Primero nos pasaron a diez personas al baño de la Reina, una sala redonda de piedra con una poza en medio. Agua mineromedicinal a 42ºC, 100% de humedad. El paraíso. Para entonces, ya todos habíamos cambiado nuestra impresión de la asignatura (“oh, dios, qué placer… Tenemos que recomendarla a todos los estudiantes de Farmacia”).

Tras 20 minutos o así, una de las chicas del balneario se acercó a decirnos que la siguiéramos, que nos iban a meter a cada uno en una bañera (“metednos donde queráis… vosotros sois los expertos, líbrenos el cielo de contradeciros”). Así, nos llevaron a un pasillo y nos metieron a cada uno de nosotros en unas habitacioncillas individuales, a media luz, y donde había una bañera de mármol INMENSA con agua caliente burbujeante. Mente en blanco, regresión al vientre materno, y más de uno se quedó medio grogui y con cierto miedo a quedarse dormido y perderse del grupo.

Cuando todo acabó, nos dirigimos como zombies a cafetería (con un hambre mortal, eso sí) y también como zombies nos metimos en el autobús. Las consecuencias: siesta después de comer y una relajación y una paz extremas que me duraron el resto de la tarde, durante un paseo por Granada y en las tapas de por la noche. Vale la pena permitírselo de vez en cuando, aunque buscaremos otros baños más baratos en la ciudad, porque el precio de Alhama es un poco prohibitivo.

Baño de la Reina (foto que he encontrado en Internet)

Y el viernes por la tarde-noche hice una expedición en solitario a “hacer un mandaíllo” (expresión almeriense que se usa cuando no apetece dar explicaciones de adónde se va) en una calle que no había escuchado en mi vida. Era una callejilla por detrás de Recogidas que encontré a la primera, después de haberme estudiado concienzudamente Google Maps. Y lo cuento porque es una de las cosas que me encantan de Granada: a pesar de las miles de personas que había en Recogidas de compras y del bullicio consecuente, fue doblar una esquina y encontrarme en otra dimensión. Una calle más bien oscura, empedrada, en la que parecía que había ocurrido una catástrofe nuclear por el absoluto silencio y lo desierta que se encontraba. La verdad es que daba un poco de mal rollo, y cuando abrí la mochila para sacar los guantes, el “risssss” de la cremallera se oyó en 20 metros a la redonda.

De cualquier forma, mi pequeña excursión fue infructuosa porque quienes buscaba ya no estaban allí: en el local había un cartel grande de “se alquila”. Digo yo que actualizar el “dónde estamos” de las páginas webs no cuesta tanto… Así que me fui a Calle Elvira, y quien sí estaba, por suerte, era el señor árabe al que siempre le he comprado las cachimbas, también conocido como “el amigo” (porque siempre que voy a comprar me llama “amiga”, “hermana” y me hace millones de regalos). Compré tabaco de menta y una cachimba nueva, que me acabo de fumar muy despacio mientras escribía esto, disfrutando del relax que me dura desde ayer.

Y ése ha sido mi fin de semana. Buen inicio de la que viene a todos : )

Llega el frío…

17 nov

Los que me conocen bien saben que no me suele gustar el cambio de hora de otoño. Cuando llega ese día fatídico, me paso por lo menos una semana refunfuñando porque a las 6 y media de la tarde ya es de noche… porque es la prueba definitiva de que se acercan el invierno y el frío… porque un mes más tarde por las mañanas vuelve a ser de noche, y encima también anochece antes, así que lo del ahorro de energía me parece un cuento… en fin, que en esos días me encantaría que España estuviera en otra latitud. Pegada al ecuador, concretamente xD.

Y este año, sin embargo, estoy sorprendida porque hasta lo he cogido con ganas. Bueno… no es del todo verdad, he tenido mis momentos quejicas, pero es que si no, no sería yo. Pero sí que es cierto que no me ha sentado tan mal como siempre. Yo creo que es porque el final de este verano me quemó tanto los ojos y la piel (no literalmente, por si alguien se asusta) que ahora se agradece un poco de aire fresco (bueno, estoy en Granada, así que en realidad no es fresco, es cortantemente frío). Me está produciendo el mismo efecto que poner una pomada de caléndula o de aloe vera sobre una quemadura: refrescante alivio. Que se noten los cinco años farmacéuticos…

También lo achaco al hecho de que el cambio de hora es una prueba evidente de que el tiempo pasa. Y nada deseo más ahora mismo. El verano ha quedado atrás, menos mal, y nada va a estancarse: todo sigue avanzando y cambiando. Y yo me encuentro lista para lo que venga.

Y a vosotros, ¿cómo os sienta el cambio de hora?

11 nov

Últimamente, cuando paso unos días sin escribir se me acumulan un montón de cosas que quisiera contar. Unas más importantes, otras sólo son pequeños momentos compartidos en los que me he sentido muy agusto. Por abreviar, hoy me quedo con tres.

1. Empecé un curso de libre configuración sobre aceites esenciales la semana pasada, y lo he acabado hoy. Ha sido bastante práctico (todos los días nos daban a oler millones de esencias) y muy curioso, la verdad. Nos ha servido para asomarnos a ese mundillo, y algún día escribiré sobre el tema cuando profundice algo. El profesor, un médico salvadoreño que es un crack. De primeras, me he quedado con la idea de que no hay que subestimar el poder terapéutico de los aceites esenciales, y puede que próximamente me atreva a probar algunas cositas…

2. El fin de semana pasado viajé a Francia con Diego y Bea, a visitar a nuestras amigas que están allí de Erasmus. A pesar de lo cansado del viaje (autobús, avión, tren, y otra vez tren y autobús a la vuelta) ha merecido la pena sin duda. Me he enamorado de Montpellier, de su tranvía, su casco antiguo, sus bares de juegos, su gente… y de su clima caldeado estos días. Me parece una ciudad totalmente acogedora y amigable, y no me importaría vivir allí una temporadita, algún día.

3. En Granada ahora está la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Ya la hemos liado. Menos mal que acaba este domingo y que yo mañana me voy a Almería a pasar el finde, que si no… Bajé con Bea ayer, al salir del curso, y compré “Cumbres borrascosas” (me apetecía leerlo desde hacía tiempo) y un cartel antiguo de un anuncio de chocolate, a medias con ella, para colgarlo en el salón. Ya que nos íbamos, entre otras cosas para que no nos tentara nada más, nos encontramos a Mario (“venga, va… quedaos conmigo cinco minutos, mientras doy una vuelta por los puestos”). Y ocurrió lo previsible. Cayó otro libro, “Memorias de un cirujano”, que promete. Y como no fueron cinco minutos, por suerte, cuando acabamos nos fuimos a tomar una cervecilla. Lo peor es que yo he vuelto a bajar hoy, sola, al puesto de carteles antiguos a comprarme uno de la guerra civil que se me antojó ayer. No se me puede soltar en una feria del libro, es de los pocos lugares (por no decir el único) en los que saco una vena profundamente consumista, y me volvería una compradora (aún más) compulsiva si el dinero no me limitara.

Eso es todo por hoy. Próximamente más :)

Entrada siguiente

29 oct

Una habitante del Albayzín

Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero reitero que vivir en Granada es un lujo. Es un privilegio poder pasear por el barrio del Albayzín, pero si encima te haces acompañar por un amigo que es granadino e historiador, la experiencia ya no tiene precio.

La excursión de ayer nos llevó hasta una plaza del tamaño del salón de mi casa, pero con unas vistas increíbles de toda la ciudad. Pasamos sin esfuerzo del siglo X al XVI-XVII, al meternos en el patio de un monasterio (¡sí, un monasterio! Muy parecido a los del norte de España, desconocía totalmente que existiera uno de esas características tan al sur, en pleno Albayzín). Luego retrocedimos a la Edad de Bronce, al observar la excavación de la primera muralla de la ciudad. Y coronamos la tarde cuando entramos al patio de la Mezquita Mayor, que es un mirador perfecto hacia la Alhambra (os recomiendo que lo visitéis!). Después, bajamos cientos de cuestas hacia Carrera del Darro y salimos al lado del río, ya con la Alhambra totalmente iluminada sobre nuestras cabezas.

Además de ser un regalo constante para la vista, por si fuera poco Granada también tiene una oferta cultural envidiable. Un par de cervezas después, recorríamos a toda pastilla el camino que nos separaba del teatro Isabel la Católica para ver unos cortos del Festival Internacional de Jóvenes Realizadores. En definitiva, una tarde y una noche redondas. Lo mejor: saber que aún me quedan cientos de lugares mágicos por descubrir. Pero poco a poco, tengo todo el curso por delante.

Animaos a visitar Granada y a callejear por ella, no os arrepentiréis.

El patio de la Mezquita Mayor

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.